Todo pastor necesita una base teológica. El problema es que la mayoría ya tiene una, sin saberlo.
Déjame hacerte una pregunta incómoda.
¿Podés explicar, con tus propias palabras, cómo se relacionan el Antiguo y el Nuevo Testamento? No lo que recordás que alguien te dijo. No la respuesta que daría tu pastor de referencia. Vos. ¿Lo podés explicar?
Si dudaste, si sentiste que la respuesta se te escapaba entre los dedos, seguí leyendo. Porque ese momento de duda no es una señal de que no sabés lo suficiente. Es una señal de algo más serio: puede que estés pastoreando sin saber desde dónde.
El mito del pastor "solo bíblico"
Hay una frase que se escucha mucho en nuestras iglesias latinoamericanas: "Yo no sigo ninguna teología humana. Yo sigo la Biblia."
Suena humilde. Suena espiritual. Y es completamente falsa.
No existe el pastor que lee la Biblia sin lentes. Todos leemos con algo. La pregunta no es si tenés un sistema de interpretación — es si el tuyo es consciente o heredado, coherente o improvisado, tuyo o de alguien más que ya no recordás cómo llegó a vos.
El pastor que cree no tener teología es el más peligroso de todos. Porque la tiene, pero no la examina.
Pensá en esto: la forma en que predicás un salmo, la manera en que explicás la ley de Moisés a tu congregación, lo que decís cuando alguien te pregunta si los bautizados de bebés necesitan bautizarse de nuevo, la escatología que enseñás o evitás enseñar... todo eso viene de algún lugar. Viene de una teología. La pregunta es: ¿de cuál?
Lo que pasa cuando no hay base
Cuando un pastor no tiene una base teológica definida, no pasa nada visible de inmediato. Los primeros años podés funcionar bien con entusiasmo, con carisma, con el amor genuino a la gente. Eso alcanza para empezar.
Pero tarde o temprano aparece la grieta.
Aparece cuando tu sermón del domingo contradice lo que predicaste hace seis meses y no sabés cómo reconciliarlos. Aparece cuando un miembro llega con una doctrina extraña y te deja sin argumentos porque no tenés un marco desde el cual responder. Aparece cuando alguien de tu congregación empieza a seguir a un predicador popular en YouTube cuya teología es incompatible con la tuya, y vos ni siquiera podés nombrar con precisión en qué se diferencian.
La falta de base teológica no destruye ministerios de golpe. Los erosiona. Los deja vulnerables. Los vuelve dependientes de figuras externas que piensan por ellos.
De qué estamos hablando cuando hablamos de "base teológica"
No te estoy hablando de un título universitario. No te estoy diciendo que tenés que leer a Calvino en latín ni saber de memoria los cánones de Dort.
Te estoy hablando de algo más básico y más urgente: necesitás saber cómo leés la Biblia. Necesitás un principio ordenador. Una hermenéutica. Un sistema que te diga cómo se relacionan las partes con el todo.
En términos concretos: ¿cómo entendés los pactos bíblicos? ¿Ves continuidad o discontinuidad entre los Testamentos? ¿Cómo predicás la ley en el contexto del evangelio? ¿Qué lugar tienen las promesas del Antiguo Testamento para la iglesia hoy?
Estas no son preguntas académicas. Son las preguntas que determinan cómo predicás cada domingo.
Tu hermenéutica no es un lujo teológico. Es el plano sobre el que construís cada sermón, cada consejo pastoral, cada respuesta doctrinal.
El desafío
No te voy a decir qué sistema elegir. Eso no es lo que necesitás de este artículo.
Lo que sí te digo es esto: elegir es tu responsabilidad pastoral. Estudiar es tu responsabilidad pastoral. Y postergar esa decisión indefinidamente, bajo el pretexto de que "la Biblia es suficiente" o de que "no me gustan los rótulos", es también una decisión. Una que tiene consecuencias sobre cada persona que te escucha cada semana.
Tu congregación no está siendo formada por lo que vas a aprender algún día. Está siendo formada por lo que predicás ahora. Por la teología que tenés ahora, la tengas clara o no.
Preguntas para examinar tu base
1. ¿Podés explicar cómo se relacionan el Antiguo y el Nuevo Testamento sin recurrir a frases vagas? ¿Cuál es el hilo que los une?
2. ¿Cómo predicás la ley mosaica a tu congregación? ¿Qué vigencia tiene hoy, y por qué?
3. ¿Las promesas hechas a Israel en el Antiguo Testamento le pertenecen hoy a la iglesia, a Israel o a ambos? ¿Desde dónde respondés eso?
4. ¿Tu teología vino de un estudio deliberado o la heredaste sin elegirla? ¿Sabés de dónde viene?
5. Si tuvieras que defender tu posición teológica frente a alguien que la desafía, ¿podrías hacerlo con la Escritura y con coherencia interna?
6. ¿Tu sistema teológico te permite predicar tanto Génesis como Apocalipsis con consistencia? ¿O hay libros que evitás?
Si podés responder estas preguntas con claridad y coherencia, tenés una base. Si no podés, no es momento de sentir culpa — es momento de actuar.
Los grandes edificios no caen porque les faltó altura. Caen porque les faltó cimiento. Y ningún pastor, por talentoso y devoto que sea, puede sostener un ministerio sano sobre intuiciones teológicas improvisadas.
Elegí desde dónde leés. Estudiá hasta que eso te pertenezca. Y después predicá desde ahí, con convicción y con humildad.